Infinita Hyuro

24.11.2020

El pasado jueves 19 de noviembre se apagó una de las luces que con más fuerza había brillado en el universo del arte urbano internacional. Tamara Djurovic, conocida como Hyuro (1974 – 2020), fallecía en Valencia la pasada semana tras un año de lucha contra una enfermedad que, aunque por momentos parecía darle tregua, terminó por llevársela a penas sin preguntar. Artista y pintora, madre y guardiana, rebelde y luchadora, feminista, pensadora y una mujer capaz de hacernos parar y reflexionar.

La artistas nacida en Argentina, ha desarrollado en sus más de veinte años de carrera profesional un trabajo íntimo, personal, silencioso… Un silencio que sin embargo, y de manera irremediable, grita cambio, grita rebeldía y progreso. Emana poder femenino. Hyuro trabajaba con el espacio y su contexto, con su historia, su política presente y su futuro. Con las circunstancias que lo rodeaban y expone de frente, sin dobleces ni segundos pensamientos, realidades, muchas veces incómodas, que representan la cotidianidad de muchas mujeres.

Durante años fue unas de las pocas voces femeninas del Street Art en plantar una pica en un mundo dominado por hombres participando en festivales que le han llevado a pintar muros por todo el mundo como en Argentina, Brasil, México, Estados Unidos, Marruecos, Túnez y gran parte de Europa, y a abrir camino a otras mujeres que venían por detrás llenas de energía.

Tamara se ha ido pero el legado de Hyuro sigue vivo en sus mujeres sin rostro, anónimas, que como ella son madres, guerreras y soñadoras. Hyuro se comunica a través de ellas en un diálogo entre el muro y el espectador en el que habla de desigualdad, de una sociedad patriarcal, de leyes que legislan hombres sobre el cuerpo de las mujeres, de fortaleza y de revoluciones políticas y de color morado.

Hoy el homenaje es para ella, para su legado, que recogemos muchas y que seguiremos llevando como bandera blanca por delante, tal y como hacía Maria Ochipinti, la militante pacifista feminista que pintó sobre uno de los murales de la ciudad de Ragusa, en Italia. Su voz se ha apagado, pero su brocha y su mensaje seguirán vivos por muchos años.